09/07/2010

Puentes para unir los fragmentos del Perú

 Dos grandes momentos: luchas por la tierra (1888-1980)
 y por la cultura (2009 - ¿?)

Article de Rodrigo Montoya Rojas
Profesor Emérito de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Lima, Junio 2010

 Contenido

 Introducción

I.  Ortodoxia marxista europea sobre la clase obrera, JC Mariátegui y el comienzo de la izquierda peruana.

II. Tomas de tierras, 1960-1980, Hugo Blanco. Oportunidad perdida.

III. Bagua 2009-20…  ¿?,  Alberto Pizango.  Una nueva oportunidad.

IV.  Problemas y Perspectivas.

Introducción

     “Todos somos indígenas”, es la pancarta que en las calles de Lima expresa una  inesperada solidaridad con la rebelión de Bagua, una sensibilidad que va mucho más allá de la Amazonía y que compromete al Perú como conjunto. Podría indicarnos  también que el terreno podría estar ya preparado para construir los puentes que hacen falta para acabar con la estructura colonial de un país fracturado en segmentos distantes y muchas veces opuestos. Alberto Pizango, el dirigente mayor de AIDESEP,  optó por el exilio voluntario  de 11 meses en Nicaragua  para defender su vida y vuelve para responder  a las acusaciones, y porque -tal vez- al oír múltiples y diversas voces de solidaridad con él las autoridades judiciales comprendieron que no debería ir a la cárcel.

En mi artículo “Con los rostros pintados: tercera rebelión amazónica en Perú, Agosto 2008-junio 2009” (Montoya, 2009) se encuentra una crónica de lo ocurrido en Bagua y  una visión de conjunto de lo que fue la rebelión, su contexto, sus razones, sus perspectivas y sus desafíos. Una de las tesis principales del texto sostiene que dicha rebelión es un momento muy importante en la historia peruana en la medida en que define  un antes y un después. Después de Bagua el Perú ya no puede ser visto como un país sólo de criollos puesto que los componentes andinos y amazónicos, excluidos por la república, salen de la exclusión y del mundo subterráneo para exigir sus derechos políticos y reclamar la cuota de poder que les corresponde.

 En este ensayo propongo una reflexión sobre dos momentos de la historia política peruana. En el primero, el ciclo de luchas por la tierra entre 1888 y 1980 impuso en el escenario a los campesinos y a Hugo Blanco como el líder más importante. El segundo podría haber  comenzado con la rebelión de Bagua como punto más alto del movimiento indígena amazónico-andino del país. Alberto Pizango parece ser el Hugo Blanco de este momento y hay razones suficientes para suponer que podría convertirse en un dirigente de alcance nacional y no sólo amazónico. En ambos casos, la realidad peruana contradijo y contradice la tesis ortodoxa de la izquierda marxista europea de que la clase obrera sería motor y dirección de la revolución socialista, y que podría después aliarse con los campesinos considerados como fuerza social subalterna. El surgimiento del movimiento político indígena ha sido una sorpresa para lo que queda de la izquierda después de la caída del Muro de Berlín y del naufragio de la Unión soviética[1]. La mayor parte de quienes son aún líderes e intelectuales del espacio de izquierda no está en condiciones de entender la potencialidad política de ese movimiento tanto para los indígenas como para ellos, ellas y el país entero, como sus contradicciones, debilidades y desafíos.

     Si admitimos que hoy, 2010, la única oposición realmente existente en Perú frente a la política de desarrollo capitalista del señor Alan García  es la del movimiento indígena amazónico y andino comandado por Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana, AIDESEP, la Confederación Nacional de  Comunidades Afectadas por la Minería, CONACAMI,  por la Coordinadora Andina de Organizaciones indígenas, CAOI. En la medida en que la esperanza en el nacionalismo del comandante Humala parece diluirse, las posibilidades de transformación política del país pasan por los amazónicos y andinos. Este hecho, a todas luces evidente, ha sido debidamente advertido por los indígenas y las capas populares de la ciudad y el campo. Frases como ´Nos hace falta hombres como Alberto Pizango¨, ¨Los amazónicos sí son capaces de pararle el macho a los apristas¨, son elocuentes.  De la realidad que funda esa percepción podría nacer otro bloque político, formado por  indígenas amazónicos y andinos, migrantes organizados en las grandes ciudades,  apoyados por los campesinos, sindicatos de obreros y trabajadores en general, organizaciones de mujeres, profesionales,  profesores, estudiantes, movimientos que defienden sus derechos sexuales diferentes, estudiantes, etc. Pero no será fácil. Aún pesan  mucho las ataduras con el pasado, las tesis ortodoxas, los egos de dirigentes víctimas de sus espejos, la intolerancia para no aceptar a los otros como son,  el europeo centrismo, y el viejo racismo estructural que anida en mucha gente que vive la ilusión de no ser ni sentirse racista.

      Para los dueños de los medios de comunicación y sus periodistas de mayor confianza -que se sienten felices con el bien estar de  la economía de las grandes empresas multinacionales y con Alan García Pérez, el movimiento indígena de dentro y fuera del país, particularmente el de los amazónicos y AIDESEP, es una piedra en el zapato, una sorpresa desagradable que no alcanzan a entender. Les encantaría que esos movimientos desapareciesen  aunque han aprendido a aceptar la diversidad cultural -la foto Benetton de los indiecitos bonitos en una carta postal- que ofrece buenos dividendos económicos  en áreas como el turismo, la moda y la gastronomía. (Montoya, 2009)[2]. Antes de presentar los dos momentos históricos del Perú contemporáneo, me parece importante prestar atención a la formación de la izquierda, al papel excepcional de José Carlos Mariátegui y a la ortodoxia marxista europea sobre el papel de la clase obrera como sujeto y dirección de lo que sería la revolución.

Agradezco a mis amigos Alberto Rocha, Hugo Cabieses y José Martínez por sus comentarios.

I.      Ortodoxia marxista europea sobre la clase obrera, JC Mariátegui y el comienzo de la izquierda peruana.

Luego de sus profundos estudios sobre la lógica de funcionamiento del capital y el capitalismo, el proceso histórico de la acumulación de capital y de las tendencias futuras de ese modo de producción, Marx propuso que la clase obrera sería en Europa y en Estados Unidos el nuevo gran sujeto y actor histórico para cambiar el mundo, dejar atrás el capitalismo, construir el socialismo y llegar al comunismo. Con Marx y Engels nació la convicción de considerar a la clase obrera como embrión o portadora de otro mundo para intentar convertir en realidad la utopía de la modernidad entendida como sinónimo de justicia y de libertad. Esta visión europea fue llevada al mundo entero y asumida dentro de la izquierda en general como un dogma, una verdad que no necesitaba ser probada. Como demográficamente los obreros no eran mayoría en los países europeos y Estados Unidos,  y menos en los del llamado tercer mundo,  la clase proletaria fue considerada como motor, dirección y fuerza principal de una alianza de fuerzas entre las que destacó el campesinado, seguido por la llamada “pequeña burguesía”, las capas medias e intelectuales. En la segunda mitad del siglo XIX, primeros tiempos de la izquierda marxista europea, la preeminencia de la clase obrera sobre el resto de clases y grupos sociales, parecía inobjetable. El propio Marx  comparó a los campesinos con “un saco de papas”, queriendo decir que no tenían potencialidad alguna para ofrecer otro tipo o modelo de sociedad. Pero la realidad mostró que en Rusia y China los campesinos debían ser tomados en cuenta tanto  por su peso demográfico como por la importancia de sus luchas por la tierra y contra los señores de la tierra. Entonces fue pertinente subir de categoría a los campesinos, quienes luego de de ser considerados como “un saco de papas” pasaron a ser un “aliado principal” de lo que se llamó “Alianza de la clase obrera y el campesinado”.  

     En países del llamado tercer mundo como Perú,  la clase obrera se formó en la segunda mitad del siglo XIX, en bolsones principalmente textiles (Vitarte), agrarios (complejos cañeros); luego, en las minas y en algunas ramas industriales, sin haber sido nunca demográficamente grande y, menos, mayoritaria. Luego de la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y los países llamados socialista de Europa del Este,  el Consenso de Washington y la llamada globalización, los capitales se fueron libres por el mundo buscando regiones y lugares de más bajos salarios y menos derechos para obtener ganancias mayores. En contraste,  los trabajadores encuentran muros de fierro, cemento y vergüenza para no entrar a Estados Unidos, (Muro de San diego en la frontera con México, muro en Israel para que los palestinos no pasen a trabajar dentro de su propio suelo, muros de alambre  en Melilla y Ceuta  para que los africanos no pasen a España y Europa, muro en Irlanda para que los protestantes del norte no pasen al sur, muros interiores en Lima, Buenos Aires o Ríos de Janeiro para separar a los ricos de los pobres, etc).  En esta ofensiva capitalista de gran envergadura los obreros del mundo pierden empleos, estabilidad y seguridad social, y buena parte de sus derechos sindicales. Por ese camino su reducción demográfica es inevitable.  

         Desde tiempos de la Central general de Trabajadores del Perú, (CGTP) del Partido Socialista de Mariátegui (1928) hasta hoy, nunca la clase obrera peruana fue demográfica y políticamente mayoritaria en el país. Los partidos de la izquierda que siguieron las líneas internacionales del Partido Comunista Soviético, Partido comunista  Chino, continuaron dentro de la inercia del pensamiento europeo de la clase obrera como sujeto, motor y dirección, y de la necesidad de una alianza con el campesinado. Por su parte, las tendencias de la cuarta internacional Trotskista, se mantuvieron firmes en sus postulados eminentemente obreros y la aparición de Hugo Blanco como un líder trotskista a la cabeza de un movimiento campesino fue, seguramente, un hecho que ninguna de las tendencias de la cuarta internacional esperaba.

      Sobre ese fondo intelectual y teórico que acabo de describir se crearon y florecieron organizaciones sindicales de obreros y organizaciones políticas igualmente de obreros e intelectuales.  Según esa lógica, el resto de clases y segmentos sociales tendrían que aliarse a los obreros y aceptar la dirección de éstos.  Este esquema eminentemente moderno y europeo fue rápidamente adoptado en América Latina y seguido con entusiasmo en países de fuerte composición obrera como Argentina y de pequeña y débil presencia obrera como Perú. Con estas y otras ideas volvió José Carlos Mariátegui de Europa en 1923. Pero tuvo la suficiente lucidez para observar que tres cuartas partes de la población peruana eran indígenas. Inició luego un proceso de acercamiento intelectual, político, amical y afectivo con decenas de líderes andinos que llegaban a Lima con sus memoriales de protesta contra los abusos que sufrían de los gamonales y políticos criollos y, también, con decenas de intelectuales y artistas  que defendían la causa indígena[3]

     De esos contactos brotaron textos diversos para la revista Amauta y algunas de las ideas centrales para proponer un acercamiento entre el socialismo y los indígenas. Fundó en 1928 la Confederación General de Trabajadores del Perú, CGT, y el Partido Socialista peruano y estuvo entre sus planes fundar también una Confederación y un periódico indígenas. Su muerte, en 1930, frustró esos proyectos. Me parece pertinente citar aquí siete tesis del amauta sobre lo étnico y el socialismo:

¨Tesis 1. El pecado original del Perú es haberse formado sin el indio y contra el indio. Optar por el Perú incaico y renunciar al Perú colonial es la clave sociológica de la sociedad peruana. La literatura comienza a ser peruana sólo cuando incluye al componente indígena.

Tesis 2. El Perú es una nacionalidad en formación, es un concepto por crear: Los indios -tres cuartas partes de la población- constituyen el cimiento de esta nacionalidad en formación. Sólo una insensibilidad moral explica por qué se le ignora

Tesis 3. No es suficiente ver los fragmentos del Perú, lo ideal es tener una visión del Perú integral. No tiene sentido ignorar su componente hispánico. A pesar de la carnicería de la conquista y la explotación colonial, la historia del Perú ha sido creada también con aluviones de occidente. El Perú es sólo un fragmento del mundo. La ciencia y la técnica de occidente constituyen una herencia irrenunciable. El descubrimiento de América, en general, y del imperio incaico, en particular, constituyen el comienzo de la modernidad, de la utopía de una sociedad justa: No existe un conflicto real entre la revolución y la tradición.            

Tesis 4. El socialismo no debe ser confundido con el indigenismo. El indigenismo ha sido útil para enjuiciar al gamonalismo y a la feudalidad. El socialismo no es una solución indigenista y por eso filantrópica del problema del indio. La literatura indigenista ha sido hecha por mestizos. La literatura indígena vendrá a su tiempo.

Tesis 5. En 1927, sólo es posible empezar a plantear el problema indígena. Resolverlo es un asunto del futuro. El punto de partida para la solución del problema indígena es plantearlo como un problema esencialmente económico y social. Los gestores de la solución de los problemas de los indios deben ser los indios mismos.

Tesis 6. El socialismo en América Latina no debe ser calco o copia sino una creación heroica.  El socialismo es de origen europeo pero existe en la tradición americana. La comunidad campesina puede convertirse en la célula del Estado socialista moderno y la tradición de solidaridad campesina es fundamental. Pero el socialismo no significa volver al socialismo inca".

Tesis 7. La esperanza indígena es absolutamente revolucionaria. Hay una consanguinidad del movimiento indigenista con las corrientes revolucionarias del mundo. Para que el socialismo sea socialismo y peruano debe solidarizarse con las reivindicaciones indígenas. Es necesario darle a la lucha indígena un carácter de lucha de clases¨ (Montoya, 1990,  Siete Tesis de Mariátegui sobre el Problema Étnico y el Socialismo, en: Anuario Mariateguiano, Lima, 2, pp. 45-70)

   Estas tesis debieron haber sido el punto de partida para pensar e imaginar las posibles vías para el socialismo peruano. Si Mariátegui hubiera seguido fielmente la ortodoxia marxista europea, habría ignorado la llamada cuestión indígena. Felizmente, tuvo una mente abierta y una convicción profunda de que en esos años sólo era posible poner los primeros cimientos de un largo proceso[4].  Ochenta años después, con los sucesos de Bagua y lo que ocurre en el mundo andino, esas ideas mantienen su vigencia pero los tiempos cambiaron: lo que queda de la izquierda no tiene el atractivo que logró tener fugazmente con las luchas por la tierra. Hoy, la esperanza pasa se encuentra  en los pueblos amazónicos, andinos y costeños. [5]  

II.   TOMAS DE TIERRAS, 1960-1980, HUGO BLANCO.  OPORTUNIDAD PERDIDA.

    En tiempos de Mariátegui el Partido socialista no participó en elecciones políticas, ni organizó insurrección o guerrilla alguna. El amauta consagró sus siete últimos años de vida a  colocar los primeros cimientos de lo que los socialistas debían hacer. Su muerte, la conversión del partido socialista en partido comunista, y los regímenes dictatoriales  del país entre 1930 y 1956 cerraron esa etapa. Fueron las luchas por la tierra entre 1957 y 1970 las que situaron a los campesinos como actores centrales de la política peruana, al margen del Partido comunista, y las que dieron lugar al surgimiento de nuevas organizaciones de la izquierda. Cuando Hugo Blanco dirigía las tomas de tierras en Cusco, en Lima Héctor Béjar y sus compañeros  pensaron  que esa ola política nueva debía ser apoyada con una organización armada, siguiendo el ejemplo guerrillero cubano. En 1963 fue creado el Ejército de Liberación Nacional, ELN. El poeta Javier Heraud fue acribillado en el Río Madre de Dios en ese mismo año, cuando desde Bolivia intentaba llegar al Cusco junto con un grupo de compañeros preparados para la lucha militar. Ya era tarde. Blanco había caído preso. Luego, la columna guerrillera de Béjar en las selvas de Ayacucho fue igualmente vencida.  Lo que me interesa resaltar aquí es la sensibilidad  de Héctor Béjar y sus compañeros para oír el mensaje de las tomas de tierras como embrión para crear una fuerza nacional capaz de cambiar el país[6].

    Paralelamente al ELN, otro grupo creó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, dirigido por Luis de la Puente Uceda que en 1965 tuvoa un destacamento guerrillero en la sierra central (Andamarca) y otro en Mesa Pelada, Cusco. Su dirección estaba convencida de que la revolución peruana se haría a través de la lucha armada. El MIR fue igualmente derrotado.  En 1968, fue creada una nueva organización de izquierda con el nombre de ¨Vanguardia Revolucionaria¨ con el explícito propósito de retomar el camino dejado por Mariátegui, resumido en  la consigna ¨Ni calco ni copia, creación heroica¨ y volver a colocar en el escenario político a la clase obrera como motor y dirección. Ese mismo año, el gobierno del general Juan Velasco Alvarado promulgó el 24 de junio la ley de Reforma agraria, la más radical del continente. El estaba convencido que si no se resolvía el problema de la tierra, volverían a aparecer otros Hugo Blanco, Héctor Béjar y Luis de la Puente Uceda y  nuevas guerrillas. La reforma agraria de Velasco sumada a las de 1964, 1963, y a la decretada por la Federación Departamental de Campesinos del Cusco, DFCC, en 1962, transfirieron más de diez millones de hectáreas y acabaron con la clase de gamonales y sus siervos, devolvieron a las comunidades gran parte de sus tierras apropiadas por los hacendados y expulsaron de los complejos agroindustriales a la burguesía agraria.

         La Central General de Trabajadores del Perú, CGTP, comandó en 1977 el paro nacional más fuerte de la historia peruana que sirvió para que la dictadura militar del general Morales Bermúdez (1975-1980) se viese obligada a convocar a una Asamblea Constituyente  y abrir un nuevo período de elecciones políticas. En esas elecciones Hugo Blanco obtuvo la primera votación entre los candidatos de la izquierda y luego de haber sido representante en esa Asamblea fue promovido como cabeza de lo que sería la Alianza Revolucionaria de Izquierda, ARI, Sí en lengua quechua. Comenzó un proceso de discusión entre todas las organizaciones de la izquierda. Los partidos marxistas leninistas maoístas dijeron  que no apoyarían nunca a un trotskista, los responsables del Partido Comunista tomaron la misma posición, el abogado Alfonso Barrantes, estaba convencido de que nunca iría detrás de un trotskista. Además del partido de los Trabajadores, PRT, y otras organizaciones trotskistas, sólo Vanguardia Revolucionaria y el Movimiento Revolucionario Socialista  mantuvieron su apoyo a Blanco.  Luego de consultas internas y externas, el PRT llegó al convencimiento de disfrutar su “segura victoria” sin alianzas con los “revisionistas”, los maoístas, y el independiente Alfonso Barrantes. Sus camaradas trotskistas convencieron a Blanco argumentando que él era una  figura mundial, y que no necesitaba de aliados. Finalmente, el PRT decidió retirarse de ARI y presentarse solo a las elecciones generales de 1980. Fue lamentable el fracaso nacional aunque Blanco fue elegido diputado. Quedó la necesidad de unidad y la alianza de Izquierda Unida, IU, alrededor del abogado el Alfonso Barrantes. El paso de Hugo Blanco por el congreso no dejó huella alguna y sirvió para prepararle el camino al exilio voluntario y desaparecer de la escena política por varios años. Después de una larga experiencia  con los zapatistas en México  volvió a fines de los años noventa con una postura autocrítica y una decisión de apoyar a los movimientos indígenas, dejando de ser el líder de otros tiempos.  Más allá de sus cambios políticos Hugo Blanco no dejó de ser un hombre siempre ligado al pueblo, y vivir en condiciones muy austeras.

         Cuando Alfonso Barrantes era alcalde de Lima, el aprista Alan García fue elegido en 1985 presidente de la República. En ese momento Sendero Luminoso (SL) ya había irrumpido en el escenario como una fuerza política dispuesta a hacer estallar el precario sistema democrático del país, del que Izquierda Unida formaba parte. IU no pudo resistir las presiones desde dentro (desconfianza y problemas con los partidos aliados  y desde fuera (SL).  Su silencio frente al lamentable primer gobierno aprista por eso de la amistad con Alan García contribuyó a que finalmente IU estallase, como antes había estallado ARI.  De la pequeña unidad sólo quedaron fragmentos dispersos mientras en la Amazonía y en los Andes  aparecía primero una organización étnica y más tarde un movimiento político indígena y Alberto Pizango como una enorme sorpresa, del mismo modo que la sorpresa de las tomas de tierras de 1960.

         ¿Cómo explicar la ruptura de la ARI y el estallido de la IU? Esta es una pregunta fundamental para entender la política peruana. Responderla del modo más cabal y frío es una necesidad. En este artículo sólo ofrezco algunos elementos de respuesta que pueden ser útiles como una contribución para el debate.  Ofrezco a continuación un listado de principios no escritos de las organizaciones políticas y sindicales, tomados de la  moderna política moderna europea de izquierda y/o recreados y multiplicados regional y localmente: 1, El poder es lo primero, 2, Dentro de la organización hay siempre dos líneas, una correcta entendida como revolucionaria y otra incorrecta considerada como contra revolucionaria, 3,  Hay una gran confrontación entre una línea reformista y otra revolucionaria, 4, No hay adversarios, hay enemigos, 5, Las contradicciones se resuelven con la expulsión de los enemigos, 6, Primero muerto antes que aliarse con un enemigo, 7, Alianzas, sí, siempre y cuando se tenga el pleno control de los aliados, 8, Un dirigente es un caudillo, una persona indispensable, un hombre o mujer que consagra su vida a la revolución o a la organización, 9, Solo se mencionan los intereses de clase, los otros, particularmente los intereses individuales, no son tomados en cuenta.  La vanidad y el ego de cada uno (a) no merecen atención ni crítica de fondo, 10, Dividir para alcanzar, ejercer, no perder, o recuperar el poder es un recurso táctico estratégico, 11, El partido debe tener el control de los sindicatos.

      Lo que acabo de citar podría constituir algo llamable virus del poder, que los individuos tienen dentro de las organizaciones sindicales y políticas pero que no todos desarrollan. Por eso, hay muchas personas que no comparten esos principios no escritos, se mantienen críticos,  resisten y muchas veces renuncian o simplemente abandonan y se van. No pretendo decir que todas las organizaciones y todos los dirigentes seguían al pie de  la letra cada uno de los principios no escritos que acabo de mencionar. En el examen crítico y autocrítico de cada organización política y sindical podría encontrarse la verdadera magnitud de esas concepciones para hacer política.  

         Por encima de los principios no escritos los principios declarados formalmente, defienden  la unidad, la voluntad del servicio al pueblo, la diferencia entre partidos y sindicatos, la democracia interna, el centralismo democrático, el respeto de los otros, la fraternidad y hermandad.  Resulta inevitable una contradicción entre el decir y el hacer. Por eso, parecen inevitables el desconsuelo, la amargura y  la falta de esperanza.

         Cada organización política puso sus intereses propios por encima de la unidad que se requería para capitalizar positivamente la potencialidad contenida en las tomas de tierras y la solidaridad que éstas provocaban en la población. Es visible la contradicción entre los intereses de una línea internacional y las necesidades nacionales. Dentro de la lógica de construcción del socialismo defendida por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, correspondía a los partidos comunistas del resto del mundo velar por la URSS como madre del socialismo, ser guardianes de sus éxitos y no ponerla en peligro, embarcándose en  proyectos considerados como aventureros. Lo mismo ocurría entre las organizaciones maoístas y los partidos seguidores de su línea[7]. 

III.   BAGUA 2009-20… ¿? UN  NUEVO MOMENTO.    ALBERTO PIZANGO.

         El movimiento amazónico tiene una historia de cuarenta años. Aparece  con nuevos rostros, nuevos nombres y apellidos, del color de la tierra, con reivindicaciones que poco o nada tienen que ver con el pasado político del país, con prácticas igualmente originales y con tesis políticas que no se limitan a la Amazonía sino que comprometen al conjunto del país, los países andinos, América latina y el mundo entero. Un simple listado de las nuevas reivindicaciones que los movimientos políticos indígenas han elaborado hasta hoy en Ecuador, Bolivia, México, en la Amazonía, en los Andes,  es el siguiente: 1, la tierra es nuestra madre, 2, el territorio como gran espacio entre ríos, lagunas y quebradas para la vida, pesca, agricultura, espiritualidad y universo mítico, dentro del Estado peruano y no en contra, 3, la defensa de la cultura, 4, defensa de la lengua, 5, defensa de la identidad como ejercicio de sus derechos a la diferencia, 6, su ciudadanía étnica para afirmar que son peruanos  e indígenas de cada uno de los pueblos amazónicos, 7, su derecho a la libre determinación, 8, su derecho al auto gobierno, 9,  Por el deber de mandar obedeciendo, 10, por construir una sociedad sin la concepción occidental del poder, 11, por su defensa de los derechos colectivos de los pueblos, 12, 13, por el respeto a las mujeres, 14, por el respeto a los pueblos y personas, 15, por el respeto a la dignidad de los pueblos y personas, 16, contra la exclusión, 17, contra la indiferencia, el abandono y el olvido, 18, por la defensa de la biodiversidad, 19, por la defensa de los recursos de la Amazonía como bienes colectivos de todas las peruanas y peruanos, 20, por la defensa de los saberes indígenas acumulados en miles de años de organización del espacio amazónico, 21, por una educación intercultural bilingüe, 22,  por la defensa de la espiritualidad propia de los pueblos, 23, por la creación de un Estado plurinacional, y 24, por el ¨Buen vivir¨ que podría ser una alternativa al llamado desarrollo que en occidente busca la riqueza a cualquier precio como condición para vivir mejor.     

         Entre las nuevas prácticas habría que señalar, la creación de organizaciones étnicas, diferentes a las ya conocidas de carácter sindical o político, el esfuerzo de construcción de sus organizaciones desde abajo, su modo de hacer política cantando, bailando, con alegría, y hasta elegantemente vestidos.

         Merece especial atención la propuesta  de los pueblos amazónicos para  defender los recursos naturales (petróleo, gas, oro, madera, biodiversidad, saberes indígenas, particularmente médicos)  como bienes públicos de todas las peruanas y peruanos  y no como propiedad de unas cuantas empresas multinacionales en directa alianza con gobiernos como el de Alan García. Su defensa de la Amazonía la entienden como defensa del planeta, de toda la humanidad.

         Todo lo que acabo de presentar de modo tan breve no habría sido posible sin el notable esfuerzo de los intelectuales indígenas bilingües y biculturales  que luego de haber aprendido a leer y escribir, y haber obtenido una formación en colegios y universidades, tienen un juicio crítico sobre su propia realidad, el país, América Latina y el mundo, y van construyendo un proyecto político y organizando fuerzas propias y alianzas para realizarlo. Es pertinente mencionar aquí que Alberto Pizango tiene una experiencia de 20 años de profesor bilingüe, y estudios de una maestría de Antropología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

         Antes de cerrar esta sección pido a las lectoras y lectores que comparen las reivindicaciones, prácticas y propuestas políticas de los movimientos indígenas con las reivindicaciones, prácticas y propuestas de los partidos políticos desde 1960 hasta ahora  y extraigan sus propias conclusiones.

    La rebelión de Bagua se produjo dentro de un contexto internacional marcado por el caso particular de Bolivia,  país en el que ya es vigente una nueva Constitución que por primera vez es su historia toma en serio la representación de los pueblos indígenas,  propone la tarea de construir un Estado plurinacional y sostiene el Allin Kawsay o buen vivir como alternativa frente al desarrollo capitalista de la acumulación de riqueza como  condición para vivir mejor. En la misma línea pero fuera del Estado y el gobierno, el movimiento indígena ecuatoriano mantiene su orientación básica y trata de resolver los problemas creados por los gravísimos errores de haberse aliado con un caudillo militar, el coronel Gutiérrez, y de no haber sabido controlar a una parte de sus representantes en dicho gobierno que defendieron sus intereses personales antes que los del movimiento indígena ecuatoriano. 

IV.  PROBLEMAS Y PERSPECTIVAS.

No todo es color de rosa ni todo lo nuevo que aparece en el horizonte viene puro y transparente. Lo nuevo viene entre brumas, de modo  casi imperceptible. Se requiere de una mirada atenta y profunda para detectar los embriones de cambio que la realidad contiene sin que a veces sus propios actores se den cuenta de la importancia que tienen.  Presento a continuación algunos de los problemas más importantes:

 1. En los últimos treinta años la afirmación étnica y política ha sido posible al mismo tiempo que se intensifican los procesos de desindigenización en la medida en que el modo de vida itinerante en segmentos pequeños de linajes derivados de ancestros comunes  se modifican seriamente desde 1974, cuando gracias al gobierno del general Juan Velasco Alvarado  al fundarse los centros poblados permanentes de las comunidades nativas, alrededor de una escuela y un campo de fútbol. Este nuevo fenómeno urbano ha producido la fuga de los animales bosque adentro y ha producido una sustantiva disminución de la pesca disponible  en ríos, lagunas y quebradas cercanas los centros poblados. La categoría pobreza aparece con ese cambio y con la conversión de nativos en campesinos que producen para el mercado y por eso son vendedores baratos y compradores caros.

2. Como consecuencia de la firme decisión de los padres de familia para enviar a sus hijos a escuelas bilingües y monolingües, crece el bilinguismo castellano-lengua originaria, disminuye el monolingüismo en lengua originaria, aparecen niños en edad escolar cuya lengua materna es el castellano y, como consecuencia, los padres de familia piden que en las escuelas del Proyecto de Educación Bilingüe de Iquitos, por ejemplo,  se les enseñe su lengua propia como si fuera una segunda lengua.

3. La soledad indígena sigue siendo un problema debido a la ausencia de aliados firmes y confiables. El caso del grave error de los indígenas ecuatorianos al aliarse con el coronel Gutiérrez es el más ilustrativo.  La soledad fue y sigue siendo aún un problema de los campesinos  en y luego de las tomas de tierras.  Una alianza entre los pueblos amazónicos, andinos y costeños se encuentra aún en un momento inicial de construcción. No es fácil dejar atrás viejos conflictos del pasado derivados de los abusos causados por los  expropiadores-depredadores  caucheros, petroleros, buscadores de oro, colonos de los Andes expulsados por la pobreza inducidos a sobrevivir en la Amazonía, y también de los conquistadores católicos y evangélicos de almas indígenas. El caso boliviano es una excepción.

4. La nueva condición de pobres es una limitación profunda para que los pueblos indígenas de las Amazonía tengan acceso a una buena educación y generalizada educación y para que pueda ejercer sus derechos políticos en mejores condiciones. Lo mismo ocurre con los pueblos andinos.

5. Aparecen algunos  síntomas de división propios de las organizaciones sindicales, políticas e institucionales como las ONGs.

         6. Los pueblos indígenas en general carecen de recursos para financiar sus posibilidades de desarrollo y los gastos de sus organizaciones; requieren por eso de la solidaridad internacional que debe ser tratada con extremo cuidado.

7.  Se observa una distancia entre el nivel alcanzado por algunas direcciones indígenas y sus bases[8].

Las organizaciones indígenas amazónicas tienen que hacer frente a numerosos desafíos, particularmente a uno que me parece muy importante: se trata del aprendizaje que deben hacer de formas de organización que no son suyas y que forman parte de la tradición política occidental compartida por los partidos políticos tanto de izquierda como de derecha.  La organización social conocida y vivida por los pueblos amazónicos como eje de su sistema de parentesco es la maloka,  que corresponde a la representación que el jefe de un linaje o de un segmento de linaje asume del conjunto de personas que forman esos segmentos.  La maloka se confunde también con una casa grande, en la que son recibidos ritualmente todos los miembros en ocasiones especiales, que es diferente a la vivienda de cada grupo familiar y  que, sólo por extensión, podría llamarse comunal.    Por eso,  la noción misma de “comunidad nativa” es una forma de organización estrictamente ajena a la tradición amazónica, pero que fue   indispensable  para que los pueblos amazónicos fuesen reconocidos por el Estado y puedan ejercer los derechos y deberes que esa pertenencia impone.   En el caso de las Comunidades campesinas de los Andes, se trata de una organización híbrida formada por el antiguo ayllu inca como conjunto de familias, como unidad básica de la sociedad,   redefinida dentro de una estructura formal que correspondía a los municipios españoles, con alcaldes mayores y menores, alguaciles, regidores, campos. Una vara de chonta era y sigue siendo aún el símbolo de un sistema de autoridades que nació con las llamadas “reducciones de indios” a partir del virreinato de Toledo  en 1569). Con el reconocimiento legal de esas comunidades en 1920 y luego de los nuevos estatutos comunales posteriores a la reforma agraria velasquista de de 1969, se impusieron los nuevos cargos de presidentes, personeros  y consejeros (de administración y vigilancia). Finalmente, se volvió a las Junta comunales de Presidentes, secretarios tesoreros, y vocales.  Los nombres variaron pero no la estructura de los cargos, que se eligen por un año, periódica y rotativamente, sin remuneración alguna. Si en algún lugar del país tiene sentido pleno hablar de una vocación de servicio de los dirigentes es en las comunidades campesinas, en las que  los comuneros que ocupan el alto puesto de Presidentes entregan cuatro o cinco años de sus vidas al servicio de la comunidad a cambio únicamente del reconocimiento y prestigio que se son muy importantes. Cuando este sistema fue inventado en el siglo XVI, el ideal de un sistema político democrático, no existía. Y si continúa luego de muchos siglos, como la institución peruana más antigua, es porque se trata de una democracia comunal en la que los abusos del sistema político global llamado democrático no tienen lugar.  No hay caudillos, ni dirigentes eternos como aquellos congresistas que tienen más de 30 años en el parlamento y que se consagran principalmente a la defensa de sus intereses personales, grupos y clases afines.

El sindicato, el partido político y la ONG, son formas de organización ajenas a las comunidades campesinas y nativas. Adoptarlas como propias significa  cargar con el activo y el pasivo de esas organizaciones y vivir el grave conflicto entre respetar las reglas que formalmente se declaran o seguir los principios no escritos que son parte del virus del poder.  La tradición  amazónica y andina de vivir en comunidades en las que una de las preocupaciones principales es buscar el bienestar de todos los miembros, será el recurso mayor para resolver los problemas que deriven de la aparición de diversos síntomas del virus del poder.

    Una cuestión central en la coyuntura de hoy es la tentación electoral.  Gran parte de las organizaciones de la izquierda se atomizaron por haber caído en conflictos fratricidas, causados también por disputas de sus dirigentes por una curul. Si estos se preocuparon tanto por tener una silla en el Congreso, con los flashes de las cámaras para ser famosos y los privilegios de todo tipo, la tarea de pensar en serio la política para ofrecer  un horizonte  y una dirección para todo el país quedó como un espacio vacío.  Esta es la pequeña gran historia desde 1979 hasta hoy, con algunos congresistas de izquierda que cumplen bodas de plata sin que el movimiento político de base y alternativo haya avanzado un centímetro.

    Una simple disposición  en tiempos del fujimorismo para remunerar a los alcaldes y ofrecer dietas a los regidores y la ley que otorgó funciones regionales a los antiguos departamentos conversión de los departamentos, ampliaron notablemente el espacio electoral. Cuando las alcaldías eran ofrecidas a los llamados notables, que no tenían necesidad de recibir un salario, interesaban a muy poca gente. Hoy,  miles de personas  hacen grandes esfuerzos para ser  presidentes y consejeros de las 24 “regiones”, alcaldes y regidores en 179 provincias y en 1,747 distritos. Las intenciones profundas tienen mucho que ver con los sueldos que se pagan y, sobre todo, con la posibilidad de administrar mucho dinero, confundiendo la caja institucional con el bolsillo, por eso del robar haciendo que viene desde tiempos del general Odría (1948-1966) y se multiplica con  Fujimori (1990-2000). Hoy, este argumento tiene un peso enorme. La vocación de servicio existe, seguramente, pero para un número pequeños de candidatas y candidatos.  Cuando no se tiene un trabajo y un salario estables, cuando las remuneraciones por el liderazgo temporal acaban, convertirse en dirigentes remunerados por el sistema político es una alternativa  demasiado seria pero…  Para ganar elecciones importantes  hay que tener dinero, “hay que invertir”, en apoyos, aliados, partidos  que ofrecen sus vientres de alquiler, publicidad en los medios, regalos de bolsas de aceite, leche, azúcar, harina, arroz, polos y gorros con los nombres de los candidatos.  Por esta vía, las posibilidades de los dirigentes indígenas y campesinos son muy reducidas.

         Lo ideal sería que a partir de la rebelión amazónica se crease un movimiento político de largo plazo en el que confluyan numerosas fuerzas desde abajo y que en el paso a paso del camino vaya formándose un nuevo liderazgo con nuevos rostros, otros apellidos y mejores ideas para que al fin contemos con una dirección que defina la líneas gruesas de otro horizonte.  Lo importante es el mediano y largo plazo y la tarea de construir a partir de las luchas concretas a nivel local, regional y nacional. Nos hacen falta  muchísimos puentes que unan el archipiélago de hoy: puentes entre los pueblos amazónicos, andinos costeños, migrantes de todas partes en los conos de Lima y en los pueblos jóvenes de las ciudades; puentes entre las organizaciones indígenas y las organizaciones de trabajadores, campesinos, maestros, mujeres, estudiantes, periodistas, intelectuales, de grupos que defienden sus derechos de ser sexualmente diferentes; puentes con los migrantes en el exterior, principalmente con aquellos que vuelven a sus pueblos a pasar los cargos que las familias de hoy ya no pueden asumir. Si se construyen esos puentes, la mayoría electoral del país habría sido alcanzada y se puede tener la seguridad de ganar las elecciones nacionales y, además, defender organizada y masivamente esa y otras victorias. 

         Para construir esos puentes disponemos ya de algunos pilares. El primero es   el conjunto de   24 reivindicaciones-objetivo propuestos por los  movimientos políticos indígenas de los países andinos y de América Latina  y presentados líneas arriba en este ensayo. El segundo es la contribución de teoría política ofrecida por Aníbal Quijano y otros autores sobre la colonialidad del poder, clave para entender la dimensión mundial del patrón de dominación y explotación global del capital en las esferas económica, social, política, cultural, étnico-racial, patriarcal (sexo y género) a partir del comercio colonial con Europa, Asia y África, luego del  extraordinario hallazgo de la plata en Potosí.  Paralelamente a esta colonialidad del poder, Quijano y Wallerstein centran su atención en los procesos de descolonialización a través de movimientos sociales anti sistémicos que redefinen los conceptos de revolución y democracia en el contexto de una crisis de la civilización capitalista y agotamiento de la modernidad[9]. El tercero, de teoría política como el anterior,  podría estar en proceso de gestación al privilegiar el análisis de las relaciones de todas las culturas existentes en cada uno de los países con el poder, particularmente la conversión de la cultura en política que daría lugar a la aparición de un nuevo sujeto político. Mis trabajos últimos apuntan en esa dirección. Son plenamente compatibles la dimensión mundial de la colonialidad del poder y la dimensión nacional de culturas convertidas en sujeto político.

     Es pertinente recordar que los mejores puentes son aquellos que se trabajan y hacen desde las dos orillas del río. Con ese horizonte, las alianzas son posibles y las soledades podrían quedar atrás[10].

         Es pertinente prestarle atención a una objeción sobre lo indígena en Perú a partir de la relación entre política y demografía y el uso de la categoría ¨minoría étnica¨. En predios de la izquierda peruana, de la clase política y también  en espacios académicos de razona del modo siguiente: como los pueblos indígenas son pequeños, sus reivindicaciones serían poco significativas. El argumento parte de una aritmética electoral y no toma en cuenta, de un lado, el peso del componente indígena en la historia del país y, del otro, la potencialidad política de las reivindicaciones propuestas por los movimientos indígenas.

             Para terminar, habría que recatar de la tradición gramsciana  una propuesta que podría ser indispensable: antes de ¨llegar al poder¨ o de ¨ganar el poder¨, la dirección política debe convertirse en autoridad, ser respetada por las ideas y propuestas que ofrece  para cambiar la sociedad y por la competencia y honradez personal de sus líderes. Gramsci propuso la noción de hegemonía en el preciso sentido de dirección ofrecida a los sectores sociales por sus organizaciones políticas para formar una vasta  alianza política que se convierta en un bloque de poder.   En nuestro tiempo,  un requisito para ganar esa hegemonía es proponer otro modo de organizar horizontalmente las relaciones sociales, renunciando explícitamente a la metáfora del poder arriba y la base abajo, a la división entre los que mandan y los que obedecen y siguiendo el consejo de los zapatistas para mandar obedeciendo y limarle las patas a la silla del poder para que la silla desaparezca y nadie más trate de sentarse en ella. Es hora también  de incorporar dos conceptos claves con los que se crean los consensos en las comunidades indígenas y campesinas: sumar y tejer desde abajo, paso a paso, sin prisa.

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[1]  El resto de la clase política  tampoco tenía idea de lo que pasaba en la Amazonía y en los Andes. La categoría clase política corresponde al conjunto de organizaciones políticas que a pesar de sus diferencias ideológicas comparten una misma práctica de vivir y hacer política.

[2]   Alejandro Trevisan, un lector de la revista Caretas, escribió el 27 de mayo de 2010: ¨El líder indígena Alberto Pizango debe ser escuchado por todos los peruanos, ya que representa al marginado pueblo de la Amazonía y es una de las personas más coherentes presentes en el actual panorama político. Si Pizango llegara a ser presidente del Perú se comenzaría a saldar la triste deuda que han dejado los quinientos años de conquista y evangelización de los pueblos originarios de América¨. Los responsables de la revista Caretas le responden: ¨Todo el país es testigo que debido a la actitud incoherente o engañosa de Pizango se generaron los luctuosos sucesos en Bagua el 5 de junio de 2009, y ello no obstante la paciente buena voluntad del entonces premier Jehude Simon. Ahora la juez Carmen Arauco Benavente le ha concedido libertad ligada a su comparecencia con impedimento de salida del país. Pasar de ser asociado con el Baguazo a la presidencia es una alucinación de quienes quieren aprovecharlo¨.  Los textos muestran la distancia que hay entre el lector Trevisan que tiene un espíritu crítico y los responsables de la revista, tan próxima al gobierno de Alan García, que en este caso preciso no tienen espíritu crítico alguno. 

 

[3]   En los primeros treinta años del siglo XX  los andinos, campesinos quechuas y aimaras,  aparecieron en Lima protestando. En esos años en la Amazonía terminaba la era del guano que comenzó en 1880 y produjo una caza de indígenas por las empresas esclavistas como Arana y Fiztcarraldo y sus aliados ingleses. Cerca de sesenta  mil indígenas murieron para que los caucheros amasase sus fortunas.  Por las distancias  y la casi nula conexión interna no llegaron a Lima delegaciones amazónicas como sí lo hicieron las andinas. En esos tiempos predominaba plenamente el prejuicio contra los llamados ¨chunchos¨  La Amazonía era demasiado lejana y el propia Mariátegui estuvo influido por las ideas europeas del primitivismo atribuido a los “chunchos”, habitantes de la Amazonía, considerados como “salvajes”. La  defensa de los amazónicos hecha por la primera abogada peruana Miguelina Aura Acosta Cárdenas fue mencionada por el Amauta, pero no fue suficiente.  Sobre el problema del caucho ver el último libro de Alberto Chirif  “Imaginario e Imágenes de la Época del Caucho” (Chirif y Cornejo, 2009).   Lo mismo ocurría con los prejuicios racistas contra los negros. Fueron los pueblos andinos los primeros en recibir la atención limeña artistas  indigenistas como José Sabogal  y de socialistas como Mariátegui. Casi un siglo después, los amazónicos aparecen con sus propias voces.

 

[4] Sobre la originalidad de Mariátegui ver de Aníbal Quijano: “Reencuentro y debate: una introducción a Mariátegui”, (Quijano 1981), de José Aricó, “Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano” (Aricó, 1978), de Alberto Flores Galindo, La agonía de Mariátegui, la polémica con la Komintern (Flores Galindo, 1991)  y de Rodrigo Montoya “El problema étnico y el socialismo en tiempos de Mariátegui” (Montoya, 1994). Ver también mi Prólogo a la segunda edición en portugués del libro Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, (Montoya, 2008 b).

 

[6] Béjar en un homenaje a Javier Heraud -Casa de Mariátegui, en mayo de 2010- contó que para su grupo de combatientes se trataba de una “lucha armada con minúsculas”, ¨de un sincero esfuerzo de los jóvenes por acercarse al pueblo de modo emotivo, sentimental, no demagógico”.  . Dijo que ninguno pensaba convertirse en héroe, que sólo trataban de ligarse al pueblo para compartir su suerte. Contó también que los jóvenes querían formarse en el marxismo y que cuando el poeta Edgardo Tello, su amigo y camarada, cayó muerto, tenía en uno de los bolsillos de su camisa el texto Manuscritos filosófico-económicos de Marx.

[7] En Francia, en mayo de 1968, la clase obrera y el pueblo francés tuvieron el poder cuando la huelga general obligó al general De Gaulle a buscar apoyo en los militares franceses asentados en Berlín. El Partido Comunista francés en vez de seguir adelante y confirmar la victoria, prefirió seguir el consejo del PC de la Unión Soviética, para cambiar la huelga general por las elecciones con el viejo argumento de que las condiciones internacionales no estaban reunidas parta un triunfo nacional. En esas elecciones ganó Georges Pompidou  el candidato del general De Gaulle  y el PC francés sufrió una gravísima derrota de la que hasta ahora no puede recuperarse. Después de la segunda guerra mundial las fuerzas socialistas de Grecia tenían el poder en sus manos pero tuvieron que renunciar porque el acuerdo entre las potencias dejaba a Grecia en el bloque de Europa y a los países de Europa del Este dentro de la órbita de la URSS. Sobre la rebelión francesa en mayo de de 1968, ver el artículo “Movimiento Estudiantil y Trabajadores, Francia 1968”, (Montoya 1968).

  

 

[8] En otro texto (Montoya, 2008) me he referido con más detalle a los problemas que acabo de citar y a otros más que acompañan la emergencia del movimiento político indígena como nuevo actor en el escenario de los países andinos y Latino Americanos.

 

[9]   Sobre el tema de la colonialidad del poder,  el sistema mundo, la economía y crisis  mundial,  claves para entender la política, ver los trabajos de Aníbal Quijano:  2000 a, 2000b 1997, 1998, 1994, 1992, 1991, 1988, 1981, 1972, de Immanuel Wallerstein: 2006, 2005, 1999, 1997, 1998, 1997, 1979; de  Andrés Gunder Frank:1982, 1972, 1969, 1967 ; de Boaventura de Souza Santos: 2009ª, 2009b, 2008, y 2007; de Enrique Dussel, 2000 y de Edgardo Lander: 2000, 1997.

 

[10]  Hablando de puentes, me parece importante citar una propuesta del economista hermano Hugo Cabieses para que en el Perú se construya una alianza de guacamayos, gallitos de las rocas, águilas, cóndores y pelícanos, aves que habitan los más importantes pisos ecológicos del país.